EL CALAFATE Clima

Tuit Lago

Cristina, como sucedía con Néstor, tiene enojos inconmesurables, inolvidables, que no tienen retorno.  Esta vez se supo, nada menos que por cadena nacional , que el objeto de odio de la Presidenta era Diego Lagomarsino,  amigo del fiscal Norberto nisman, y proveedor del arma que presuntamente mató al hombre que iba a denunciar a la presidenta por encubrimiento en el caso AMIA.

El irreproducible comentario de Lagomarsino sin dudas es un insulto que molestaría a cualquiera, y provocaría reacciones impredecibles, el caso es que la Presidenta no debería reaccionar intempestivamente y en público para evacuar sus enojos. No fingirlos pero sí controlarlos.

Está claro que la intención de Cristina fue equiparar su enojo por el tuit  de quien no quiso nombrar pero cuando finalizó el acto la locutora del canal oficial sí nombró -¿sin el consentimiento de sus superiores?-  con la tragedia de una muerte cuyas causas aún no dirime la justicia y que mantiene a la sociedad en la consternación y el desconcierto.

Y de este modo, -la presidenta- pretende justificar su insensibilidad en torno al aspecto humano de una muerte que sin dudas tiene rasgos políticos, pero que bajo ninguna circunstancia justifica la ausencia en gesto y palabras de parte de la principal figura gubernamental del pais.

Si @CFKAargentina estaba tan endiablada con @lagrancaruso, hubiera sido suficiente con bloquearlo, no correrlo a cadenazos públicos.

“¿Condolencias?  ¿con quien? ¿Con la familia de un muerto que es amigo de un opositor feroz que encima me insulta por tuiter?”.  “¡Jamás!”. Seguramente algo parecido pensó y sintió Cristina o al menos eso es lo que transmitió cuando se sintió atacada por quienes la cuestionaron  y le reclamaron  un gesto presidencial para con las víctimas de una tragedia.

Lamentablemente la reacción de Cristina la coloca en el mismo escalón de quien la provocó.

Pero ella es la Presidenta de un pais que incluye a todos, hasta a los tuiteros desaforados.