EL CALAFATE Clima

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Por Alejandro Gasel.

Lo dijo el poeta. Matan a un marica. “Y al matar una loca se asesina el devenir mujer de un hombre” (Perlongher: Matan a un marica, 1985)  Lo dijo,  exactamente, hace  treinta años. No obstante, sus palabras retornarán, hoy, con miedo, dolor y angustia para los habitantes de Río Gallegos que revisan los diarios digitales y encuentran esta noticia: el cuerpo descuartizado en el San Benito era de Marcela Chocobar.

Sol negro para Río Gallegos.

Hasta hace un tiempo me parecía un error escribir sobre los reclamos del colectivo LGTB. Por eso,  evité investigar y obligarme a escribir sobre ellos. Hace más de un año había escrito “sobre la fiesta del mariposón” (que publique hace un par de semanas en winfosantacruz gracias a la generosidad de Mariela y Héctor). La recepción fue variada, me escribió mucha gente. Muchos coincidían, algunos disentían. Otros lo negaban. La repercusión fue lo suficientemente exitosa para reactivar la pulsión por escribir. Luego, confirmo esta noticia en los medios digitales.

En las últimas semanas,  conversé con muchos sobre esta pregunta ¿te parece que los restos encontrados en San Benito son de Marcela? Dos respuestas me interesaron. Uno negativa, a partir del uso de la palabra cráneo. “– Si usan cráneo, quiere decir que los restos eran viejos. – (…): silencio”. En ese silencio, reconocí cierta satisfacción por controlar la angustia, ansiedad y desesperación que mi interlocutor sabía que generaba en mí esta desaparición. La segunda respuesta me decía “-Algo de su vida tiene relación”.  La respuesta me pareció inadecuada por lo siguiente: a) género del enunciador, b) culpabilidad inmediata de la víctima, c) falta de empatía.

Reviso minuciosamente los comentarios de todos los diarios virtuales. Todos exigen justicia. Todos ruegan que regrese ese Río Gallegos tranquilo “que era antes”. Dudo de ese argumento. ¿Qué idilio anterior con la paz puede haber tenido la Patagonia en la que transcurrieron dos modos del genocidio contemporáneo: la matanza de pueblos originarios y la de obreros? Sin embargo, no importa tanto el Río Gallegos que teníamos sino el que tenemos hoy. El de nuestra “estancia”, nuestro aquí y ahora. Donde hay fragmentos de cuerpos travestidos desparramados en un baldío. Dónde hay periferia de una periferia. Donde la pobreza se transforma en otros modos, a veces, inexplorados. Porque el sincretismo entre pobreza, género trans y mujer queda en claro que es peligroso.

El cruel homicidio de Marcela  nos pone frente a nuestras convenciones para entender al género. Creo que debemos reconocernos en ello. Lo trans siempre es lo “demasiado afectado para ser humano”. Hasta los gays “heterosexuales” (hombres y mujeres que aún fuera del clóset “actúan” para que no se le note su homosexualidad)  impugnan su proceder excesivamente “mariposeado”.

Final: un conjunto de decisiones jurídicas (leyes de matrimonio igualitario, de identidad de género, educación sexual integral) e intervenciones en la esfera de la política pública es insuficiente para detener los crímenes por género. Proclamar la igualdad, definitivamente, no es vivir/ operar con ella. El Sol negro para Río Gallegos es reconocer que las políticas públicas no alcanzan para la igualdad. La muerte de Marcela es la cotidianeidad del colectivo trans. Con una esperanza de vida de 35 años, reducidos a la prostitución en las grandes ciudades. El colectivo trans es el más desprotegido de todo lo “queer” que nos rodea. ¿Qué vamos hacer frente a esto? Bueno, empecemos por enseñar mejor qué significa esto de una pedagogía de las diferencias.  La lucha continúa, es cierto, aunque sus flujos se detienen para llorar a Marcela.

*Profesor Adjunto Ordinario de Teoría Literaria. UNPA- UARG. Doctor en Literatura. Especialista en Semiótica, Género y Educación.