EL CALAFATE Clima
Foto La Nación

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LA NACIÓN/Mariela Arias.-

RÍO GALLEGOS.- Alejandra Broglia, de 49 años, nació para nadar. Brazadas, respiración y concentración son las herramientas que tiene para enfrentar las aguas heladas del Sur. Y, por supuesto, años de entrenamiento. Hace unos días cumplió con lo que tanto había ansiado: unir las islas Malvinas a nado a través del estrecho de San Carlos. Así, se convirtió en la primera mujer en el mundo en lograr la hazaña.

Unir las dos islas le demandó una hora y 36 minutos, para completar un trayecto de 5,6 km con una temperatura de 12°C. Lo concretó cuando encontró una ventana de buen tiempo que se abrió en las islas. Atrás quedaba un año de organización y de entrenamiento exigente.

Entrenarse en aguas abiertas, contratar un velero que sería su hogar en las islas, conseguir los permisos del gobierno de las Malvinas, intercambiar correos electrónicos con los propietarios de las estancias que tocaría en su nado, contratar seguros de vida y a un nadador de rescate, coordinar pasajes de avión y rezar para que le toque buen tiempo.

“Son desafíos de superación personal”, cuenta Broglia en diálogo con LA NACION en un intento de explicar qué la lleva a estas aventuras extremas. Además de su amor por la natación y la pasión por organizar cada detalle de la aventura, señala: “Me encanta planificar el viaje desde el inicio, investigo mucho antes de ir a un lugar, leo, busco información en Internet, los lugares de nado, la fauna, y cómo llegar y cuál es la mejor fecha para hacerlo”.

Broglia nada desde que tenía seis años. Durante 11 fue nadadora federada en Córdoba e integró la selección nacional. La vida la trajo al Sur hace 21 años. Y nunca paró de nadar. Casi por curiosidad pasó de hacerlo en piletas a incursionar en aguas abiertas y empezó a probar en las difíciles corrientes del estuario del río Gallegos. Luego se animó al Lago del Desierto. Y ya no se detuvo.

Pero sólo nadar en aguas abiertas no le alcanzaba. Entonces inició la búsqueda de metas difíciles y, en lo posible, inéditas. Así completó el cruce del estrecho de Magallanes, un lugar donde el buen tiempo, no existe. El trayecto inicial de 4,3 km derivó en 9 km por la fuerza de las corrientes. Luego concretó el doble cruce del canal de Beagle entre las islas Glabe y Navarino. Y el año pasado completó el cruce de los lagos Posadas y Pueyrredón, en Santa Cruz. Todo sirvió para preparar el cruce en las Malvinas.

Para lograr que su marca sea oficial, además de los permisos gubernamentales tenía que contar con un nadador de rescate y timonel que fue Cristian Espínola, que la guió en el trayecto y con un velero que la llevaba hasta el lugar exacto donde había planificado lanzarse al mar. Además, su hija, Carolina Catellani, la filmó y se convirtió en su apoyo. Hasta ahora el cruce sólo había sido completado con éxito por el nadador argentino Agustín Barletti en 2014.

A la espera de buen tiempo

Contaban con una semana para la travesía, en la que debía haber buen tiempo. Al llegar en el vuelo regular de LAN al aeropuerto de Mount Pleasant, en Malvinas, una camioneta los llevó hasta el Puerto de San Carlos, donde los esperaba el velero Mago del Sur, de bandera de Bermudas, capitaneado por un argentino.

“Nos embarcamos a la espera de buen tiempo. A las 5.30 del 12 de febrero, partimos navegando hasta la isla contraria (Gran Malvina) cruzando todo el estrecho de San Carlos en una navegación de más de una hora”, recuerda.

“Unos 200 metros antes de la costa nos pasamos al gomón que me acompañaría en la travesía. Allí recibí las últimas indicaciones de su nadador de rescate, el abrazo de Caro y encaré hacia la costa entre algas para empezar el trayecto desde el punto previsto: Jersey Point, en la isla Gran Malvina, para llegar a Fanning Head, en la isla Soledad”, detalla Broglia.

En su página en Facebook “Travesías en aguas frías”, narró su aventura: “Mientras nadaba esos primeros metros, pude ver las algas flotar, algunos pingüinos pasaron por debajo mío en rápido nado. No me distraje. Tras pasar la barrera de algas, se abrió ante mí un mar calmo”.

Las corrientes se hicieron sentir antes de la media hora de estar en el agua y la nadadora debió aumentar la fuerza al nadar y corregir el rumbo. “Las corrientes me derivaban al Sur. «Izquierda, izquierda», fue el grito permanente de Chris, en esa parte de la travesía”, indica.

La travesia
La isla Soledad la recibió con una costa sin algas y un acantilado de al menos 100 metros. “Me apoyé en esa piedra y sonreí, miré dónde estaba, sentí el lugar, sus aguas, lo hecho, levanté mi brazo, miré hacia el fondo del mar y agradecí”, dice.

Después debieron esperar tres días anclados en un pequeño muelle hasta que pasara la tormenta que azotó las islas y volvieron navegando por mar abierto hasta Puerto Argentino a esperar el avión de regreso.

Broglia logra sus metas deportivas sin apoyo oficial ni sponsor. Pero eso no la desalienta. “Este año me gustaría poder hacer otros cruces, que sean novedosos o nunca hechos.” Por ahora, disfruta de lo que ha alcanzado.