Por Héctor Barabino.- La deserción de los padres en la elección de un representante ante el Consejo de Educación, muestra la película completa del drama de los chicos sin clases que vivimos en Santa Cruz en los últimos años. Es cierto que el principal responsable de garantizar la educación es el gobierno, tanto como del fracaso por su tozudez en sostener el estado de conflicto permanente con los maestros.

Seguramente habrá decisiones equivocadas o extremas del gremio que como tal es el que decide los paros y carga con el mayor peso del conflicto -a veces injustamente- y la antipatía del resto de la sociedad.

Pero, ¿y los padres? ¿Cuál es el compromiso que tenemos con la educación de los hijos además de cumplir con la obligación legal de enviarlos a la escuela?

Señalar con el dedo desde un lugar de supuesta neutralidad, acusando a diestra y siniestra por “lo mal que anda la educación en la provincia”, o despotricar por las redes sociales convocando a la “preocupación”, no tiene ningún vínculo ni incidencia en la solución del problema.

Es cierto que la elección del sábado no era obligatoria y que por lo tanto el acto de ir a votar depende del interés o la voluntad del involucrado.

En una elección general obligatoria vota entre el 75 y el 80 por ciento. En la elección del sábado hubo 63.000 empadronados y votaron poco más de 2 mil, el 2% del padrón.

Se presentaron 11 listas en su mayoría con un perfil definido, de izquierda a derecha, con respaldo político unas, o gremial otras. Había padres que se presentaban como independientes de toda estructura. ¿Ninguna de estas propuestas conformó a los 60 mil padres que no fueron a votar?

Toda elección es importante en tiempos normales. La del vocal por los padres en el peor año de la historia de la educación en Santa Cruz, era crucial.

El resultado que ungió a Hugo Piloñeta vocal en representación de los padres con 535 votos, es decir, el 1% de representación, explica por qué en la provincia de los Kirchner la educación nunca fue prioridad para el gobierno. Porque a los padres tampoco les interesa demasiado.

No es poco, sobre todo porque la entidad de padre incluye tanto al funcionario, como al docente, y al dirigente gremial, por lo tanto se supone como la más incidente en lo que pomposamente se nombra como “la comunidad educativa”.

En este esquema, la actitud del gobierno ninguneando la convocatoria, escamoteando los padrones hasta último momento,  y desertando de su propia participación, es un detalle menor. 

El candidato del Frente para la Victoria y actual vocal, Juan Manuel Canale, abandonó el compromiso el mismo día de la elección,  mientras que su compañera y también renunciante vocal, Valeria Felgueroso, ni siquiera fue a votar.

Nada que no pueda modificar la próxima elección general si es que así lo decide el ciudadano.

EL problema es cómo recuperar el interés supremo por la educación y la voluntad de ejercer el derecho de exigirle al estado, cuando no cumplimos con la obligación mínima, individual, de tomarnos 15 minutos cada cuatro años para ir a emitir un voto, que es determinante para el futuro de nuestros hijos.